23 de agosto de 2017

CUANDO EL «SÍ» Y EL «NO» SE COMBATEN...


Para aquel que está escuchando una posible llamada de Dios, el sí y el no, en ocasiones, llegan a combatirse en el corazón. No es extraño, ya que toda opción implica una elección entre diversas posibilidades, y lo natural (¡hoy especialmente!) es desear tenerlo todo, inmediatamente y sin renunciar a nada. Pero este es un deseo infantil que no nos ayuda a crecer... 

Es importante que te no dejes vencer por la tentación de «tapar los oídos»: si es Dios el que te está hablando, él quiere lo mejor para ti y no pierdes nada con escuchar. El miedo que produce desasosiego interior ante un posible «sí» no viene de Dios... Sobre todo si es un miedo que te paraliza, que no te deja actuar. Los grandes maestros de la vida espiritual recomiendan que en estos casos hay que hacer justo lo contrario de lo que el miedo te empuja a hacer. Es decir: en lugar de no pensar en la posible vocación, hay que compartirlo con el confesor o acompañante espiritual, o con cualquier otro sacerdote o religioso/a de tu confianza, para que ellos te ayuden. 

Posiblemente, lo que estás viviendo es algo nuevo para ti, en lo que no tienes experiencia, de ahí el miedo y las muchas dudas. Piensa que nadie te va a "comer la cabeza", sino que te ayudarán a ver lo que Dios quiere de ti. Ánimo: ¡Merece la pena intentarlo!

11 de agosto de 2017

FIESTA DE SANTA CLARA, MADRE Y HERMANA

TÚ ERES NUESTRO CUSTODIO Y DEFENSOR

En la época de santa Clara, Italia se hallaba desgarrada. El emperador Federico II había declarado la guerra al papado. En 1240, su poderoso ejército formado por alemanos y sarracenos invadió la Umbría, saquearon la ciudad de Espoleto y mataron a sus habitantes. El terror se apoderó de todas las ciudades. Las hermanas de San Damián, aisladas en su pequeño monasterio fuera de las murallas de la ciudad de Asís, temían lo peor. Clara, crucificada en el lecho de la enfermedad, conservó su confianza inquebrantable. Como pudo, se arrastró hasta el oratorio donde, por privilegio raro en la época, conservaba la presencia eucarística en una pequeña urna de plata cubierta de marfil. Allí se postró rostro en tierra, implorando el socorro de su Señor. Cuando los sarracenos asaltaron el muro de la clausura, Clara mandó que trajeran la «urna» de la santa eucaristía. Clara rezaba. Sobrecogidos de un pánico repentino e inexplicable, los sarracenos se marcharon precipitadamente (Proceso 3,18; 9,2; 13,9). La Umbría devastada queda, sin embargo, liberada de los invasores.

En la primavera de 1241, nueva amenaza para Asís. Un aventurero al servicio del emperador de Alemania, Vital de Aversa, asedió la ciudad. En su lecho de muerte, Clara invitó una vez más a sus hermanas a la oración. Ella misma acudió al oratorio a la presencia de Cristo eucarístico. ¡Siempre la misma lucha incesante entre las fuerzas de las tinieblas y las de la luz! Se postró ante el que es el vencedor del mundo y el que lo ha reconciliado todo. Y tan extrañamente como la vez anterior, tras una tentativa de salida de los asediados, los batallones alemanes huyeron (Leyenda Clara 23; Proceso 18,6).

Oración: Señor, gracias por nuestra madre y hermana santa Clara. Su vida nos recuerda que la llama del Evangelio se nutre con la llama de la adoración, del silencio y de la caridad: la caridad humilde, paciente, carente muchas veces de esplendor y de éxitos externos; la caridad que no pretende actuar por sí sola, sino en la comunión y en la santa unidad; la caridad que se abre sin temor y sin reservas al abandono confiado en tus manos, esperando contra toda esperanza humana. Haz, Señor, que aprendamos que esta caridad es la condición para que la sal y la luz del Evangelio puedan iluminar y dar sabor al corazón de los hombres y mujeres de hoy. Amén.