4 de octubre de 2016

FIESTA DE SAN FRANCISCO DE ASÍS


«Con cuánta solicitud y con cuánto empeño de alma y de cuerpo debemos guardar los mandamientos de Dios y de nuestro padre Francisco para que, con la ayuda del Señor, le devolvamos multiplicado el talento recibido. Porque el mismo Señor nos ha puesto como modelo que sirva de ejemplo y espejo no sólo a los otros, sino también a nuestros hermanos, a los que llamará el Señor a nuestra vocación». 
(Testamento de santa Clara 18-19)

¡FELIZ Y SANTA FIESTA DE NUESTRO PADRE Y HERMANO SAN FRANCISCO!

15 de septiembre de 2016

EL TIEMPO DE LA VOCACIÓN


Nunca es demasiado pronto para corresponder a la llamada de Dios. Cuando Dios llama importa poco la edad, la experiencia... Hace muchos siglos, Jeremías vivía en Anatot, un pueblecito cercano a Jerusalén, en la finca de sus padres, cuando fue llamado por Dios para ser profeta. El chico se resistía aduciendo que era demasiado joven y débil para este oficio tan importante, pero Dios le respondió: «No digas que eres demasiado joven o demasiado débil, porque Yo iré contigo y te ayudaré». ¿Qué más se puede pedir? Samuel, que llegaría a ser un gran profeta, recibió la llamada siendo aún niño. 

San Alfonso de Ligorio se decidió a los veintisiete, después de años de brillante ejercicio profesional; San Agustín se bautizó a los treinta y tres, después de una juventud bastante loca; y San Juan de Dios cambió de vida a los cuarenta y dos, tras una existencia aventurera. No existe una “edad perfecta” para la entrega. Dios llama cuando quiere y como quiere. Aunque también es cierto que su llamada suele llegar casi siempre en la en la adolescencia o en la juventud, como les ocurrió a san Francisco y a santa Clara.

Por tanto, ser muy joven no es motivo para retrasar la entrega a Dios. Todos hemos escuchado alguna vez (o quizás también lo pensamos…) la cansina y socorrida cantinela de que «es demasiado joven para entregarse a Dios», o que «ha de esperar a saber más de la vida», o que «ha de probar antes otras cosas». Sin embargo, la vocación no es programable: ¡El Señor llama cómo y cuándo quiere! Es cierto que somos nosotros los que libremente respondemos a su invitación, pero no es bueno imponer a Dios nuestro propio calendario. 

Además, la llamada de Dios no es una “desgracia”, no nos hace perder nada, nada, absolutamente nada de lo que hace nuestra vida libre, bella y grande. Entonces, ¿por qué tener miedo? ¿Por qué pensar que Dios quiere “estropear” los mejores años de nuestra vida y por tanto hay que apurarlos al máximo? ¿Por qué seguir posponiendo la decisión que hace vibrar nuestro corazón, que nos hace soñar alto, lo que sabemos que Dios nos está pidiendo?

Entonces yo dije: "Aquí me tienes".