16 de enero de 2012

Santos Franciscanos (1): Berardo y compañeros mártires

    
Celebramos hoy, 16 de enero, la fiesta de los primeros mártires franciscanos: Berardo, óptimo predicador y conocedor de la lengua árabe, y sus compañeros Pedro, Otón, Acursio y Adyuto. Dieron la vida por Cristo en Marrakesch el 16 de enero de 1220. Los restos de estos hermanos mártires fueron trasladados a Coimbra (Portugal), al monasterio de santa Cruz, y allí conquistaron para la vida franciscana al joven monje agustino Fernando, futuro san Antonio de Padua. Cuando san Francisco supo la noticia del martirio de sus hermanos, agradecido al Señor y lleno de alegría exclamó: “Ahora sí puedo decir con verdad que tengo cinco hermanos menores”

Ciertamente el motivo de la alegría de Francisco no fue la muerte trágica de estos hermanos. Es más, sabemos por sus escritos que Francisco sentía un “amor materno” hacia sus hermanos, por lo que debió entristecerse ante la noticia de la muerte cruel de Berardo y de sus compañeros, como una madre se entristece profundamente y sufre por la muerte de un hijo (¡en este caso de cinco!). Reconoció, sin embargo, en este gesto supremo la “autenticidad” de estos cinco hermanos menores, que habían querido “seguir la doctrina y las huellas de nuestro Señor Jesucristo” (Regla no bulada 1) hasta las últimas consecuencias.

Estos hermanos, que ya no se pertenecían a sí mismos, no temieron la muerte y los tormentos, no se echaron atrás cuando el seguimiento fiel de las huellas de Cristo les condujo por el camino del Calvario y en el horizonte vislumbraron la cruz. Fiados en el poder de Dios, confesaron su fe y su esperanza, dando testimonio de la autenticidad de su vocación: ¡eran verdaderos hermanos menores! En la escuela de Francisco, el Pobrecillo, habían aprendido que el verdadero hermano menor es aquel que “entrega su vida entera, su cuerpo y su alma, al Señor Jesucristo. Y por su amor no teme exponerse a los enemigos, tanto visibles como invisibles; porque dice el Señor: El que pierda su alma por mi causa, la salvará para la vida eterna” (Regla no bulada 16, 10).

Señor nuestro,
que santificaste los comienzos de la Orden Franciscana 
con la sangre de sus primeros mártires, 
los santos Berardo y compañeros, 
concédenos que, siguiendo su ejemplo, 
sepamos mantenernos firmes en la fe, 
y con nuestra vida demos testimonio de ti ante los hombres.

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